La coupe fuego se detuvo frente a un oscuro y sucio bar, ambos fueron al baño, Joseph entró primero y vio que había sólo 2 mingitorios, uno junto al otro, no aguantaba más, se puso a mear. La Tota se le puso al lado y comenzó a utilizar el otro mingitorio, y mientras meaba se inclinaba hacia Joseph, como tratando de mirársela. Joseph se puso claramente nervioso y se la tapó con su mano libre, mientras trataba de mear. Este gesto molestó a la Tota, que le decía: "dale, no seas maricón, dejame ver que tenés ahí, no seas vergonzoso, putito". Joseph la guardó tan rápido que se meó un poco el pantalón. Volvieron ambos al auto y reanudaron el viaje. Volvió a sonar, a máximo volumen en la coupe fuego, "te la vas a tener que tragar", de Chufi. Esto acentuaba la sensación que tenía Joseph de estar haciendo un viaje eterno, de estar atascado en el tiempo y ciclando sobre el presente, sin poder arribar a su futuro inmediato.
     Joseph reflexionaba sobre eso, absorbido por sus pensamientos, cuando la Tota le dijo: "llegamos, pibe". De la emoción que tenía por haber finalizado esa increíble travesía, Joseph casi se baja sin pagar, pero la Tota lo retuvo de un brazo, firmemente, y le dijo: "son 726 dólares, muñeco". Joseph se mostró indignado frente a lo que él consideraba un importe sumamente excesivo. Molesto, la Tota le dijo: "¿y qué querés, papi, si me hiciste recorrer toda la ciudad?". Con tal de ponerle fin a la odisea y de hacer que la Tota se fuera lo más rápido posible, Joseph pagó los 726 dólares. La Tota lo insultó mucho por no darle propina y se fue.
     Ahí Joseph X respiró aliviado. Caminó hacia la puerta de la casa de su abuela y tocó el timbre. Joseph ya estaba listo para excusarse por la demora y por haberse perdido la película. Pero su abuela abrió la puerta y cuando lo vio le dijo: "Josecito, no te esperaba tan temprano... pasá... pasá", luego agregó: "dejame terminar de ver a Francella y después nos vamos para el cine, total es temprano".
     Joseph X no emitió ni un puto sonido, simplemente se lo impedía el nudo que la confusión le había hecho en la garganta. Observó la TV encendida y, era cierto, Francella estaba ahí. El asombro era cada vez mayor, él recordaba cada chiste y cada gesto de Francella, ¡era lo mismo que él había visto antes de salir de su casa!
     Ahí Joseph cayó en la cuenta: había viajado en el tiempo, en un remís manejado por la Tota Santillán.
La Coupe Fuego de la Tota Santillán (foto: Dios / Bicho Reactor
     Imagino el asombro que tendrán ustedes ahora, luego de haber leído el increíble viaje en el tiempo que Joseph hizo en remís. Por eso mismo, prefiero no apabullarlos con tanta información, les doy un tiempo para reflexionar y en el próximo número de Flores Negras sí les contaré sobre las investigaciones que hice sobre este caso, junto con mis conclusiones.
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Avril Lavagna